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Es segundo día de muertos que paso en México. El país se llena de un aura particular, que sirve como espejo en la aceptación de una posición efímera en el paso del tiempo. Los cementerios se llenan de flores, en las voces desconocidas se habla del tío, la tía, el abuelo, la madre, que ya no existen, pero sí, y por las calles desfilan katrinas que pasaron de ser un invento de la imaginación del caricaturista José Guadalupe Posada en el siglo XIX en la época porfiriana para reírse de los modismos refinados y sin alma de la clase alta del país, a transformarse en el símbolo que expresa de manera popular la relación con la muerte que experimentan los mexicanos. Traer a los muertos al mundo de los vivos sólo por un día. Recordar a los muertos para dedicarle nuestro valor más preciado que es nuestro tiempo y espacio, a los que ya han partido al lugar que pisaremos todos, sin pies ni huesos.

Estas costumbres se han perdido en el mundo moderno. No se puede culpar solamente a la racionalidad, que es su fundamento. Me parece muy racional recordar a los muertos y dedicarle un día al año para que su energía viva en nosotros. Creo entonces que es una razón más profunda la que nos aleja de estas tradiciones, y que tiene que ver con que caminamos como si la muerte no fuera el fin de todos nuestros movimientos y esfuerzos por dirigir la vida hacia un lugar que deseamos. A veces la muerte nos escucha y otras veces nosotros debemos escucharla. En El laberinto de la Soledad Octavio Paz menciona: “La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida (…) Una sociedad que niega la muerte, niega también la vida». Es hermoso volver a la tradición primitiva que nos conecta con el pasado y el futuro a través de la muerte. La muerte permite que el mundo siga girando con energías vitales. La vida es un flujo que nunca se detiene y la muerte un flujo que la persigue.

El día de muertos es incluso más que recordar a los que han partido. Nos detiene y empuja a reflexionar qué nace y muere en nosotros. Somos seres abiertos al mundo y que cambiamos con él. Eso significa estar vivos. ¡Quién sabe lo que significa estar muertos! Nunca somos los mismos de ayer. No hay nadie más extranjero que el yo en diferentes tiempos y espacios. Es un forastero que reside en nuestra memoria y que nos pide que de vez en cuando que le dediquemos un saludo en nuestros procesos individuales que no dan descanso, y que nos confunden, y que nos tropiezan, y que nos hacen gozar el sin sentido de estar aquí. Hay que experimentar más y encontrarse a sí mismo menos.

Yo dejo en este día de muertos muchas cosas atrás. Un trabajo que me hizo sentido por mucho tiempo y que me permitió conocer la América Latina profunda que pocos conocen, plena de diversidad cultural, dolores profundos y miserias. Dejo, más importante quizá, el último dejo de temor de no seguir mi corazón que palpita con la belleza, el arte y el cuerpo. El corazón es la herramienta fundamental para enfrentarnos al bello e incierto futuro. Los datos ni las razones nunca serán suficientes. El corazón es la única brújula que nos puede guiar en este mundo.

Comments(4)

    • William Awad Faray

    • 4 meses ago

    Muy bello y profundo tu pensamiento de la vida y la muerte. Estoy leyendo el último libro de Eben Alexander, que te enfrenta a lo que será la vida después de la muerte, la existencia del alma, el origen de la conciencia, todo este misterio que enfrenta el hombre desde siempre. Y hay que celebrarlo! Has tenido la suerte de vivir esta fiesta en ese país y gracias por compartirlo.
    Un gran abrazo Felipe

      • Felipe Symmes

      • 4 meses ago

      ¡Gracias por tu comentario, William! No sólo este país está lleno de matices que hueles y que te invitan a la celebración de la vida en el cuerpo y su contrapunto que es la muerte y el siguiente camino. El mundo entero nos invita a experiencias que nos recuerdan esta sabiduría. Es un conocimiento tan antiguo que reside tan adentro de nuestros huesos que creemos dar por sentado. Hay que recordarlo día a día.

    • Andres Bascuñan

    • 4 meses ago

    Me encantó: «No hay nadie más extranjero que el yo en diferentes tiempos y espacios.»

    Un abrazo!

      • Felipe Symmes

      • 4 meses ago

      Es que realmente no lo hay, Andrés. Somos procesos más que puntos.

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