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Los inicios de año siempre son lugares de esperanza. Nos prometemos a nosotros mismos y a los que comparten nuestra cotidianeidad cambios de hábitos que nos llevarán a mejores caminos. De las pocas cosas que me parece gozoso de envejecer es entender estás prácticas y costumbres desde un punto de vista diferente, que no es necesariamente performativo. La esperanza de un futuro no se trata necesariamente de construir una lista de obligaciones y objetivos estrictos (que en mi caso me han tanto hecho cumplir muchos de mis sueños como también enfermado), sino más bien deseos de explorar en el mundo y en nosotros mismos. Más que objetivos entonces los últimos años creo que en mi caso los comienzos de años se han tratado de confiar más y más en las intuiciones que emergen de mi cuerpo y que me aconsejan que el camino para transitar se trata de desarrollar capacidades sensoriales y sensuales que nos guíen por dónde y quiénes transitar-se para que la vida sea una vida que valga la pena ser vivida. Esa evaluación sólo la puede hacer el protagonista de cada vida.

Envejecer creo que se trata de aceptar ciertas características propias que tiene vivir, como la incertidumbre e impredecibilidad. Creo que es una de las características más bellas que tiene el universo. Saber hacia dónde vamos es un deseo horrible y egoísta, que en su extremo apela a instintos primitivos extrañamente modernos que no nos llevan jamás a un buen lugar. Vivir se trata de más que imponer nuestros deseos al mundo. Otros tienen deseos, el mundo también tiene deseos. Esto que llaman vida no se trata más que de un baile de deseos, acariciarse los brazos, compartir por un minuto nuestros caminos antes que se separen para siempre, dejarnos llevar por el deseo de otros, que nos afecten, y así navegar y navegar en el mar. 

La existencia pierde su belleza si no nos lanzamos al mar. El mar tiene sólo horizonte y una profundidad que jamás podremos vislumbrar. Es una manifestación de la divinidad y del misterio. Caminamos sobre el agua.  Los planes tienen valor sólo si cambian y se transforman en una bifurcación que nos abre. Quién sabe a qué, pero nos abre, y sólo así se puede vivir con esperanza. Como en cada principio de año.

Profesor investigador y escritor. Su trabajo aborda emprendimiento, mercados informales, creatividad e innovación. Doctor en Estudios Organizacionales y Teoría de la Cultura por la Universidad de St. Gallen, con maestría en Desarrollo por la Universidad Panthéon‑Sorbonne y formación en ingeniería comercial por la Pontificia Universidad Católica de Chile, con intercambio en Estados Unidos en la UCLA (University of California at los Angeles). Ha publicado novelas, ensayos y artículos académicos, e integra el arte como método para repensar el emprendimiento desde lo visceral y poético.

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